Análisis de ADN revela hibridación entre ballenas azules y de aleta en el Atlántico Norte

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Análisis de ADN revela hibridación entre ballenas azules y de aleta en el Atlántico Norte

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Las interacciones genéticas entre especies marinas a menudo pasan desapercibidas en nuestra observación diaria, pero las pruebas de ADN nos revelan un mundo fascinante de conexiones previamente desconocidas.

Un equipo de científicos del Museo Real de Ontario en Canadá y de la Universidad de Bergen en Noruega, se sumergieron en el genoma de las ballenas azules del Atlántico norte (Balaenoptera musculus musculus) y descubrieron algo sorprendente: alrededor del 3,5% de su ADN proviene de otra especie, la ballena de aleta (Balaenoptera physalus). Este hallazgo, inesperadamente alto, plantea preguntas intrigantes sobre la historia evolutiva de estas especies y cómo han interactuado a lo largo del tiempo.

 

Imagen la ballena híbrida que muestra la forma del rostro intermedia entre una ballena azul y una ballena de aleta, descubierta en el Sur de California, julio de 2020. Captura de A. Enster. Artículo publicado en 2021.

 

Rompiendo las normas

La introgresión, o la transferencia de material genético entre especies, se reveló como un fenómeno notable en este estudio. Todas las muestras de ballenas azules revelaron algún grado de ADN de ballena de aleta en su genoma, lo que sugiere una interacción genética continua entre estas dos especies de ballenas.

Lo sorprendente es que la mayoría de los animales híbridos (la descendencia de dos especies diferentes) tienden a ser infértiles; el ejemplo más clásico de esto es la mula o el ligre. Sin embargo, las ballenas azules y de aleta desafían esta norma al demostrar que la hibridación puede conducir a una descendencia fértil.

Este fenómeno podría explicarse por el grado de similitud genética entre las dos especies. A diferencia de otros híbridos infértiles, las ballenas azules y de aleta no se habrían distanciado lo suficiente en el árbol evolutivo como para que sus genes sean incompatibles. Ambas comparten 44 pares de cromosomas y un patrón cromosómico idéntico, lo que sugiere una compatibilidad genética que facilita la fertilidad de la descendencia híbrida.

 

Los riesgos de la introgresión

El primer caso documentado de un híbrido de cetáceo fértil fue una ballena capturada en aguas islandesas en 1986, que resultó ser una híbrida de aleta y ballena azul preñada con un feto engendrado por una ballena azul. Este hallazgo proporciona una explicación clara de cómo el ADN de la ballena de aleta llegó a las poblaciones de ballenas azules.

Es importante destacar que la introgresión parece ser un proceso unilateral en este caso. Mientras que las ballenas azules muestran una cantidad significativa de ADN de ballena de aleta, las investigaciones anteriores han sugerido que las ballenas de aleta no heredan tanto el ADN de la ballena azul. Por lo tanto, las ballenas azules podrían ser la única especie dispuesta a aparearse con un híbrido.

Esta disposición se debe en parte a su escasez poblacional en comparación con las abundantes poblaciones de ballenas de aleta. Así, tienen más pretendientes disponibles, lo que les otorga una ventaja evolutiva. En contraste, la endogamia puede llevar a una disminución de la diversidad genética de la especie y hacerla menos resistente a los cambios ambientales.

Sin embargo, la especiación, o el proceso mediante el cual se forman nuevas especies a partir de una especie ancestral, es fundamental para mantener la diversidad genética dentro de una población. Cuando las líneas entre dos especies se vuelven borrosas debido a la introgresión, existe el riesgo de que una de las dos especies se extinga por completo.

Los investigadores están especialmente preocupados por la posibilidad de que el ADN de la ballena azul se pierda entre la población, y en consecuencia, se vuelva más vulnerable a la extinción. Este hallazgo destaca la importancia de comprender las complejas interacciones genéticas entre especies marinas y su impacto en la biodiversidad y la evolución.

 

La ballena híbrida «Flue». Créditos: Fireplume.

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