Antepasado de los humanos de 11 millones de años da pistas de cómo los humanos empezaron a caminar

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Se han encontrado fósiles previamente desconocidos de un antepasado de los humanos que caminaba en posición vertical y que vivió hace unos 11 millones de años, en el período conocido como Mioceno. Los hallazgos, publicados en la revista Nature, alteran drásticamente la línea de tiempo de la evolución humana.

El hecho de que podamos equilibrarnos con confianza en nuestras dos piernas sin volcarnos es el símbolo mismo de la evolución humana. Sin embargo, la forma en que llegamos a ponernos de pie en primer lugar sigue siendo un tema muy debatido.

Los fósiles recientemente descubiertos han proporcionado nuevas pruebas convincentes de que nuestro viaje a campo abierto podría compararse con un niño pequeño que aprende a caminar, en lugar de un bebé que se levanta de gatear.

La mayoría de los huesos de primates antiguos que descubrimos tienden a ser pequeños o muy fragmentados, dejándonos llenar los espacios en blanco haciendo comparaciones y conjeturas.

Dado que las extremidades y la pelvis son algunas de las partes más difíciles del cuerpo, determinar cómo pasamos de estar en cuclillas en las ramas a poder bailar el vals ha sido un desafío. Una de las grandes preguntas es si los humanos se arrastraron o caminaron sobre palmas y nudillos antes de levantarse para ponerse de pie.

Afortunadamente el nuevo hallazgo presenta huesos de la mandíbula, fémures, vértebras y huesos de los pies de un macho, un juvenil y dos hembras de especies de simios que los investigadores han denominado Danuvius guggenmosi.

Al armar el rompecabezas se revela un animal con proporciones corporales que no se verían raras en un chimpancé, solo que con manos un poco menos robustas, más similares a las de un orangután.

En su mayor parte, Danuvius se parecía a otro primate del Mioceno llamado Dryopithecus, pero es la variedad de características nunca antes vistas que han entusiasmado a los paleontólogos.

Durante al menos 4 a 5 millones de años, los humanos y su colectivo de primos cercanos ahora extintos han sido estrictamente bípedos, con las extremidades posteriores perfectamente adecuadas para actuar como péndulos que se balancean hacia adelante y hacia atrás con cada zancada.

Algunos expertos confían bastante en que nuestros primeros pasos tentativos se basaron en la locomoción de palmigrade, con las palmas y las plantas presionadas contra el suelo a medida que salíamos de un lugar a otro.

Otros piensan que la evolución del bipedalismo humano fue mucho más gradual, ya que nuestros antepasados ​​mantuvieron un firme control sobre la vegetación circundante, como lo hacen los chimpancés hoy en día, manteniéndonos firmes hasta que las necesidades nos llevaron a alejarnos más y más.

Los huesos de Danuvius apuntan más hacia esa segunda hipótesis, pero con una ligera diferencia, lo que indica un proceso llamado trepamiento extendido de las extremidades.

Una mirada de cerca a las manos de Danuvius revela huesos que simplemente no habrían sido lo suficientemente robustos para una caminata de nudillos caídos y gorilas.

Pero también hay signos claros de que todavía podría haber usado sus brazos para colgar suspendidos de las ramas, de forma similar a los chimpancés.

La gran diferencia es que tenía un par de patas comparativamente fuertes que mantenían su cuerpo en posición vertical presionando hacia arriba desde el suelo, en lugar de simplemente usar sus brazos para colgar.

Lo que hace que esta forma particular de movimiento suspensivo se destaque es la dependencia de ambos conjuntos de extremidades para mantener el equilibrio, sin mostrar una preferencia particular por levantarse con los brazos o empujarse con las piernas.

La imagen que obtenemos es de un homínido que cuelga tentativamente agarrándose como un niño agarrando los dedos de sus padres, moviéndose como un niño pequeño a través de la sombra del bosque en lugar de empujarse hacia arriba desde un arrastre de cuatro extremidades en palmas o nudillos.

Nuestra historia aún está lejos de ser completa. Afortunadamente, aún quedan muchas pistas por descubrir en los huesos de nuestros antepasados, que algún día nos darán una comprensión más completa.

Fuente: Nat Geo.

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