Restos antiguos encontrados en Perú se suman a la evidencia de que existían mujeres cazadoras

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Restos antiguos encontrados en Perú se suman a la evidencia de que existían mujeres cazadoras

Representación artística de antigua peruana cazadora /Matthew Verdolivo, UC Davis

¿Los hombres cazaban y las mujeres recolectaban? Pues parece que la realidad no era tanto así. Una investigación publicada en Science Advances ha encontrado los restos de una cazadora de hace 9 mil años en los Andes peruanos.

Los investigadores, liderados por Randy Haas de la Universidad de California en Davis, encontraron una joven enterrada con herramientas de piedra como puntas de lanza. La antigua mujer andina probablemente cazaba ciervos y camélidos salvajes.

Antiguas cazadoras

Durante mucho tiempo investigadores creyeron que, en las sociedades modernas de cazadores-recolectores, eran los hombres quienes salían de caza. Pero en los grupos móviles que habitaban las Américas hace miles de años, hasta la mitad de los cazadores de caza mayor eran mujeres.  

Hasta ahora, muchos investigadores han considerado las piedras afiladas y otros elementos típicos de caza colocados en las tumbas de mujeres antiguas como herramientas para cortar o raspar. El predominio de los cazadores masculinos en las poblaciones modernas de cazadores-recolectores ha alimentado la creencia que solo los hombres cazaban.

“Es hora de dejar de pensar en las [antiguas] cazadoras como valores atípicos”, dice la arqueóloga Ashley Smallwood de la Universidad de Louisville. No se puede suponer que los roles de género en los grupos modernos de cazadores-recolectores se apliquen a aquellos que vivieron hace mucho tiempo, añade.

El descubrimiento

El equipo de Hass, en colaboración con miembros de la comunidad andina de Wilamaya Patjxa, desenterró cinco humanos de fosas que contenían seis individuos. El lugar albergaba a una joven de 17 a 19 años que había sido enterrada con herramientas de piedra para cazar.

Los objetos incluían cuatro puntas de lanza que se habrían adherido a palos y probablemente se hubieran arrojado a la presa con la mano. Otros implementos de piedra y un trozo de pigmento enterrado con ella probablemente se usaron para cortar la caza, extraer médula ósea o raspar pieles y realizar trabajos detallados de piel y curtido de pieles.

El sedimento utilizado para llenar la tumba una vez que la mujer fue enterrada contenía fragmentos de huesos de varios venados y vicuñas. Haas cree que esos dos animales grandes fueron los principales objetivos de los antiguos cazadores en esa parte de los Andes.

Otro pozo que contenía los restos de un hombre de 25 a 30 años incluía dos puntas de lanza, lo que sugiere que también había cazado animales grandes. El sexo de ambos cazadores se identificó con la ayuda de proteínas específicas femeninas o masculinas extraídas de los dientes.

Un patrón claro

El equipo de Haas quiso poner en contexto su descubrimiento y examinó la evidencia de 429 individuos excavados enterrados en 107 sitios en América. Estos lugares tenían una antigüedad que oscilaba entre los 6.000 y los 12.500 años. Entre los individuos de sexo conocido enterrados con herramientas de caza mayor, 11 eran mujeres de 10 sitios y 16 eran hombres de 15 sitios.

Los investigadores estiman que, en promedio, las mujeres representaron entre el 30% y el 50% de los antiguos cazadores de animales grandes en América. El descubrimiento peruano en realidad se ajusta a modelos de caza de otras especies, como carnívoros y primates no humanos.

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