Descubren una «Pompeya Jurásica» de animales marinos del Jurásico Medio sepultados en barro

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Descubren una «Pompeya Jurásica» de animales marinos del Jurásico Medio sepultados en barro

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Imagina que te encuentras en un cálido paraíso de mar tropical y a través de sus aguas cristalinas puedes ver su abundante riqueza biológica. Se destacan hermosas estrellas marinas, en las rocas se proyectan los erizos y soles de mar; un poco más allá, en la arena la forma de un pepino se divisa y pegados a las rocas los crinoideos danzan al ritmo del agua. Entonces te percatas que repentinamente has retrocedido 167 millones de años. Estás ubicado frente al mismo mar pero en el apogeo de su riqueza, durante el Jurásico Medio.

A tu alrededor, la tierra retumba debido a los pesados y lentos pasos de enormes saurópodos como los Cetiosauros. En otro lado hay una carrera de Megalosauros bucklandii, ¿estarán persiguiendo a sus presas? Será mejor no entrometerse en el camino de estos gigantes de casi 10 metros.

A tu espalda se alza un imponente bosque de coníferas y su sombra genera el ambiente ideal para que crezcan enormes helechos y otras pteridofitas. El paisaje te deslumbra y te dejas envolver por la atmósfera cálida y húmeda, verde y soleada. De pronto, algo rompe la tranquilidad, un estruendo regresa tu vista al mar.

La Pompeya del Jurásico

La escena tan pacífica llega a su fin por un repentino y catastrófico evento. La vida marina queda sepultada por una gruesa capa de barro. Las estrellas, los erizos y los pepinos terminan perdiéndose en el tiempo hasta que Neville y Sally Hollingworth se topan con ellos mientras paseaban por una cantera en el norte de Cotswolds en Inglaterra.

El descubrimiento, ha sido catalogado por los paleontólogos del Museo de Historia Natural de Londres como una especie de «Pompeya Jurásica». Ahora se encuentran excavando con los Hollingworth en la cantera, buscando por más fósiles y compartiendo hipótesis sobre la catástrofe que sepultó a todos esos animales.

«[Las criaturas] intentaron protegerse, adoptando la posición estresante de jalar sus brazos, pero todo fue en vano», dijo a la BBC Tim Ewin, paleontólogo y curador principal del Museo de Historia Natural de Londres. «Fueron empujados al sedimento y enterrados vivos».

Este sitio del lecho marino probablemente era muy poco profundo, quizás se encontraba entre 20 y 40 metros de profundidad, señala el equipo. Mientras que hoy la cantera de piedra caliza está situada en el centro de Inglaterra; al momento del evento se ubicaba más cerca de lo que ahora es el norte de África.

Aunque haya sido una desgracia para esas criaturas durante el Jurásico Medio, los investigadores están agradecidos por el suceso, pues de lo contrario, los animales hubieran sido eliminados por depredadores y carroñeros dejando poco para estudiar, según la nota del NHM.

Piedra caliza con fósiles de invertebrados. (NHM)

Qué nos dicen los fósiles

Lo impresionante aquí, y la razón por la que comparan la cantera con Pompeya es que la comunidad entera quedó sepultada. Esto significa que no es un fósil, tampoco 5 ni 10, son miles de especímenes diversos disponibles para ser examinados. Con toda la evidencia bien preservada, los investigadores esperan aprender más sobre la evolución de los equinodermos durante el Jurásico, incluida la descripción de varias especies nuevas.

Además, se observó junto a los animales muestras de madera y polen preservadas en las rocas, lo que podría revelar más detalles sobre los cambios climáticos en ese momento.

«Describiremos en detalle las nuevas especies y la variabilidad de las plantas y animales encontrados en el sitio», afirmó Ewin en el comunicado. «Otro proyecto analizará la dinámica de la población de los grupos de equinodermos particulares y su ecología».

Asimismo, dice: “Lo descubierto en este sitio son los erizos de mar, las estrellas de mar, los lirios marinos y las estrellas de plumas más bellamente conservados que he visto en Gran Bretaña. Es comparable a algunos de los mejores sitios de erizos de mar y estrellas de mar fósiles del mundo».

Con este gran hallazgo no necesitaremos una máquina del tiempo para retroceder más de 160 millones de años y así conocer cómo lucían aquellas comunidades marinas.

Dra. Lil Stevens durante la excavación. (NHM)

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