El enfriamiento de las aguas superficiales perjudicó los criaderos de Megalodones y selló su destino

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El enfriamiento de las aguas superficiales perjudicó los criaderos de Megalodones y selló su destino

Representación artística del famoso depredador cretásico / Herschel Hoffmeyer

Los megalodones, los tiburones favoritos en la sala de redacción de Robotitus, fueron los escualos más grandes que jamás hayan existido. Sin embargo, a pesar de su inmenso tamaño no pudieron evadir el destino de la mayoría de especies: la extinción. La razón parece estar ligada a los cambios en el clima.

Ahora, una investigación publicada en Biology Letters de la Royal Society sugiere que a medida que el nivel del mar disminuyó, los Otodus megalodons se quedaron sin lugares donde pudieran anidar sus crías. Cambios en el clima pudieron haber reducido las zonas costeras donde sus crías podrían llegar a la edad adulta de manera segura

Bebés megalodones

Los antiguos megapredadores tenían a sus crías en viveros de aguas cálidas y poco profundas donde la comida era abundante y los depredadores escaseaban. La dependencia del megalodon en los criaderos puede haber contribuido al final de su reinado de 20 millones de años.

Los Otodus megalodon, a veces clasificados como Carcharocles megalodon, tardaban 25 años en convertirse en adultos. Pero una vez que crecían por completo, podían alcanzar hasta 18 metros, tres veces el tamaño del gran tiburón blanco más grande. Su impresionante tamaño le dio la ventaja de alimentarse de tiburones más pequeños e incluso ballenas.  

Sin embargo, sus crías sí eran vulnerables a los ataques de otros depredadores. Por eso crecían en las plataformas continentales poco profundas. Ahí contaban con una gran cantidad de peces más pequeños para alimentarse y pocos depredadores que pudieran atacarlos.

Cálidos viveros

El equipo de investigación descubrió una zona de cría frente a la costa este de España en la provincia de Tarragona después de visitar un museo y observar una colección de dientes de megalodón.

“Muchos de ellos eran bastante pequeños para un animal tan grande”, dijeron a AFP los autores Carlos Martínez-Pérez y Humberto Ferrón. A juzgar por el tamaño de los dientes, supusieron que el área había sido el hogar de jóvenes megalodones. Además, el área habría sido un lugar perfecto para crecer, con abundante vida marina.

Los investigadores analizaron otros 8 conjuntos de dientes de tiburón que se habían recolectado previamente, distribuidos en Chile, Perú, Panamá y Estados Unidos. Llegaron a la conclusión de que 4 de ellos, 2 en EE.UU. y 2 en Panamá, habían pertenecido a tiburones más jóvenes. Por eso, se cree que estas 4 áreas podrían haber sido viveros.

El invierno se acercó

Los megalodones disfrutaron de las aguas cálidas y templadas del Mioceno, que se extendió desde hace unos 5 millones hasta hace 23 millones de años. Pero con la llegada del frío Plioceno, el panorama cambió.

A medida que su presa se adaptaba y se dirigía hacia aguas más frías, el megalodón se quedó donde los océanos permanecían calientes. La comida restante también favoreció a los grandes tiburones blancos, lo que aumentó la competencia con el depredador más pequeño, pero más ágil.

Eventualmente, el frío causó la reducción de los viveros de aguas poco profundas debido a las pérdidas del nivel del mar. Este gradual cambio en el clima también puede haber contribuido a la eventual extinción del megalodón.

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