Estudio demuestra que no nos parecemos a nuestras parejas con el paso del tiempo

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Estudio demuestra que no nos parecemos a nuestras parejas con el paso del tiempo

Estudio de Stanford contradice lo que se creyó durante años / Flickr

En 1987 un estudio psicológico a parejas encontró que las personas en relaciones a largo plazo comenzaban a parecerse físicamente con el tiempo. Desde entonces se consideró como algo cierto, pero ahora un nuevo estudio sugiere algo diferente. Los detalles del hallazgo fueron publicados en Scientific Reports.

El mencionado estudio, dirigido por el psicólogo social Robert Zajonc, propuso que “la convergencia en la apariencia física de los cónyuges”, causaba que las parejas se parezcan. La hipótesis decía que los amantes se vuelven tan sincronizados entre sí, que terminan por imitar inconscientemente sus expresiones. Con el tiempo esto cambia la apariencia de sus rostros.

“Una implicación de la teoría vascular de la eferencia emocional es que el uso habitual de la musculatura facial puede afectar permanentemente las características físicas de la cara”, sugirieron los investigadores en su momento y hasta ahora se acepta como verdad.

Replicando el viejo estudio

Sin embargo, según el nuevo análisis de investigadores de la Universidad de Stanford, esto no es así. “[El experimento de 1987], aunque elegantemente diseñado, se basó en una muestra extremadamente pequeña de 12 parejas heterosexuales casadas”, dicen los autores del estudio. “Además, sus hallazgos nunca han sido replicados”, agregan.   

Por eso, los investigadores Tea-makorn y su coautor, el psicólogo computacional Michal Kosinski decidieron llevar a cabo una nueva versión del experimento de 1987. Pero esta vez usaron una muestra mucho más grande de posibles semejanzas, y contaron con la ayuda de algoritmos.

El nuevo análisis recopiló imágenes públicas de 517 parejas casadas y comparó sus rostros poco después de casarse con imágenes tomadas de 20 a 69 años más tarde. Cabe señalar que todas las parejas eran blancas y heterosexuales. Los investigadores dijeron que no pudieron obtener suficientes imágenes de parejas homosexuales y no blancas para permitir un análisis significativo.

La comparación se realizó por 153 personas reclutadas en línea y por un algoritmo de reconocimiento facial llamado VGGFace2. Este programa ya ha demostrado previamente superar a los humanos al momento juzgar la similitud facial. En todo aspecto, este experimento más grande y robusto que el de la década de los 80.

Los resultados

En contra de lo que pensaban, los investigadores no encontraron nada que sugiriera que las parejas comienzan a parecerse más entre sí a medida que pasan los años. “Cuando comenzamos este proyecto, estaba convencido de que encontraríamos fácilmente evidencia de la convergencia en la apariencia facial”, dice Tea-makorn.

Según las clasificaciones de similitud proporcionadas por los humanos y VGGFace2, los rostros de los cónyuges no se volvieron más similares con el tiempo. Pero aun, los humanos incluso notaron un movimiento muy leve en el otro sentido: los rostros de las parejas en realidad podrían volverse menos similares.

El equipo no encontró ninguna evidencia que sugiera que las parejas se asemejan progresivamente entre sí. Sin embargo, los resultados confirmaron que las personas parecen elegir parejas a largo plazo que se parecen a ellas, en una especie de homogamia.  

Este estudio es importante no solo porque nos aproxima a la verdad, sino porque nos recuerda la importancia de replicar experimentos.   

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