Inodoro antiguo revela que la antigua élite de Jerusalén sufría de parásitos intestinales

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Inodoro antiguo revela que la antigua élite de Jerusalén sufría de parásitos intestinales

(Yoli Schwartz/Israel Antiquities Authority)

Dicen que el tiempo lo borra todo, pero los arqueólogos no estarían de acuerdo. En especial el equipo que ha encontrado un inodoro de 2700 años con rastros de lo que podría haber sido una epidemia de infección parasitaria en Jerusalén.

La cuna de la civilización

Hace mucho tiempo, por supuesto, los inodoros no cumplían las funciones de saneamiento básico que cumplen hoy en día, eran un símbolo de riqueza: solo algunos podían permitírselo.

«La presencia de inodoros interiores puede haber sido más una cuestión de conveniencia que un intento de mejorar la higiene personal», sugieren los arqueólogos.

Es todo un campo el de los inodoros y su función en las sociedades antiguas. En el amplio registro de estos, los de Mesopotamia son los más antiguos conocidos, de aproximadamente 6000 años. Esta antigua región es conocida como «la cuna de la civilización», porque alberga algunas de las primeras tierras de cultivo.

A medida que los cazadores-recolectores comenzaron a establecerse en pueblos y ciudades más grandes, fue imprescindible contar con un área para defecar. Para el agricultor promedio, esto probablemente significó ir a un pozo de basura. Por el contrario, los ricos contaban con más privacidad.

El inodoro que ha acaparado los titulares recientemente, es uno de piedra caliza descubierto en 2019. Los arqueólogos lo encontraron en algo que pudo haber sido un jardín bien cuidado, al lado de los restos de una gran mansión llena de artículos caros. Esto indica que quien haya vivido ahí poseía una alta posición social.

Con plantas y una hermosa vista

En el centro del retrete hay un agujero, por lo que se trataba de uno de caída básico, con solo un tanque para atrapar la excreción. Los arqueólogos sospechan que el asiento estuvo rodeado por paredes de piedra y posiblemente un techo. Aunque, la presencia de polen de árboles frutales y pinos en el aire, sugiere que tal vez había ventanas o, que no tenía techo. También es probable que las plantas se usaran como una especie de ambientador.

Eso sí, ese espacio poseía una increíble vista. Desde ahí, quien lo ocupara, habría contemplado la Ciudad de David y el Monte del Templo.

Sin embargo, ni las plantas ni la vista ocultaban la situación sanitaria de aquel entonces. Porque tarde o temprano, todo se sabe, la presencia de parásitos en el retrete sugiere que las condiciones sanitarias eran malas.

Los parásitos

Un análisis cuidadoso de la parte de abajo del asiento del inodoro ha revelado sedimentos antiguos que contienen huevos de cuatro tipos diferentes de gusanos intestinales.

Los huevos de gusanos redondos (Ascaris lumbricoides) y tricocéfalos (Trichuris trichiura) fueron los más abundantes en el sitio. Ambos parásitos intestinales pueden infectar a los seres humanos, provocando desnutrición y deterioro del crecimiento en los casos más graves.

El tercer gusano encontrado fue la tenia (Taenia sp.) y, debido a que estos parásitos tienen una etapa intermedia en la carne de res y de cerdo, es posible que se hayan contagiado con carne mal cocida.

Por último, en el sitio se observaron huevos de oxiuros (Enterobius vermicularis), constituyendo el registro más antiguo de estos parásitos en la antigua Jerusalén. Los oxiuros se transmiten a través de la contaminación fecal de las manos, pero también pueden flotar en el aire.

Medicamentos y saneamiento

Como tal, la presencia de lombrices intestinales y tricocéfalos en el excremento de la élite de Jerusalén sugiere que las heces humanas fueron tratadas de manera insalubre. Posiblemente, eran introducidas en fuentes de agua o vertidas en cultivos, antes de regresar a la boca.

Erradicar estas infecciones en una población es increíblemente difícil, más aún si no se cuenta con medicamentos. Además, se acentúa sin un sistema de eliminación de heces, como en aquel entonces.

Hoy en día, las tenias, oxiuros, tricocéfalos y lombrices intestinales siguen siendo infecciones comunes en todo el mundo. No obstante, cuando se dispone de medicinas y servicios de saneamiento, se tratan fácilmente. No es el caso de la antigua Jerusalén, al parecer. Estas infecciones pudieron haberse convertido en epidemia con facilidad.

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