La dificultad para escuchar a otros en sitios con mucho ruido sería un signo de demencia

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La dificultad para escuchar a otros en sitios con mucho ruido sería un signo de demencia

Un importante estudio publicado por la Alzheimer’s Association, ha encontrado una relación entre las dificultades para escuchar el habla en ambiente ruidosos y el riesgo de padecer demencia. Los científicos advierten que los problemas auditivos serían no solo un síntoma de este trastorno, sino un factor de riesgo al que debemos prestar atención, ya que nos alerta sobre ella mucho antes de su aparición.

 

Audición y demencia

En 2017, la pérdida de audición se incluyó junto con el tabaquismo y la inactividad física como uno de los nueve principales factores de riesgo modificables de la demencia. En el 2020 la lista aumentó incluyendo tres factores más. Los doce tienen en común esta palabra clave: modificable. Es decir, son elementos de nuestro estilo de vida y salud general que pueden cambiar, para así mejorar nuestra salud.

Se ha estimado que la pérdida de audición tiene el factor de riesgo más alto y que las personas con pérdida auditiva no tratada en la mediana edad tienen hasta cinco veces más probabilidades de desarrollar la afección.

A raíz de aquellos informes, investigadores de la Universidad de Oxford analizaron datos del Biobanco del Reino Unido de 82 mil hombres y mujeres de 60 años a más que sufrían de demencia y habían pasado por exámenes de audición al inicio del estudio.

Estas personas habían sido evaluadas en su capacidad para escuchar el habla en ambientes ruidosos, reconociendo números hablados contra el ruido de fondo blanco. Según los registros de salud, después de aproximadamente 11 años, 1285 participantes desarrollaron demencia.

«Los participantes con peor audición tenían casi el doble de riesgo de desarrollar demencia en comparación con los que tenían buena audición», señala el epidemiólogo y autor del estudio Thomas Littlejohns.

 

Causalidad inversa

Littlejohns y sus colegas también hicieron algunas comparaciones en los datos para ver si el rendimiento auditivo de las personas pudo haber sido afectado por una demencia subyacente no detectada, lo que se denomina causalidad inversa. Pero el riesgo indicado por las dificultades auditivas no fue peor al comparar a los participantes del estudio que desarrollaron el trastorno antes (después de 3 años) en lugar de más tarde (después de 9 años); permaneció más o menos igual.

Este no es el primer estudio en encontrar un vínculo entre la pérdida auditiva y la demencia. Sin embargo, el equipo afirma que es uno de los primeros en investigar el riesgo de padecerla con la capacidad auditiva de las personas en entornos ruidosos, cada vez más típicos en nuestro día a día.

Estudios extensos y grandes de Australia y Taiwán también han encontrado que las personas con problemas de audición tienen un mayor riesgo de demencia. No obstante, estos estudios están basados en datos autoinformados por los participantes, o registros médicos que indicaban pérdida de audición.

«Aunque son preliminares, los resultados sugieren que la discapacidad auditiva del habla en ruido podría representar un objetivo prometedor para la prevención de la demencia», dice Littlejohns.

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