Las mutaciones genéticas han dejado de ser el motor de la evolución humana, sugieren biólogos

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Las mutaciones genéticas han dejado de ser el motor de la evolución humana, sugieren biólogos

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Los seres humanos evolucionamos ahora más rápido a causa de unas «mutaciones» que no están ubicadas en los genes.

La evolución genética es cosa del pasado

Cuando las especies se encuentran sometidas a una presión selectiva sufren variaciones que les confieren adaptaciones a fin de hacerlas superar dichas presiones y sobrevivir en el mundo, posteriormente transmitirán sus características favorables obtenidas a su descendencia. Desde 1859 conocemos este hecho. Así evolucionaron las plantas, los peces, las aves, y todos los organismos vivos. También nosotros, por supuesto; nuestros antepasados se adaptaron y transmitieron las variaciones genéticas a sus hijos, así durante miles de años hasta convertirnos en los humanos que somos hoy.

Sin embargo, actualmente no estamos sometidos a las mismas presiones que nuestros antepasados. A diferencia de los demás animales, los humanos vivimos protegidos en nuestras casas, compramos nuestra comida en el mercado, vamos a la escuela, interactuamos con otros para compartir información, y un largo etcétera de actividades… ¿Esto significa que la evolución se ha detenido en nosotros? No solo no se ha detenido, sino que, todo lo contrario, se ha acelerado. Los biólogos evolutivos Timothy Waring y Zachary Wood publicaron en Proceedings of the Royal Society un artículo de revisión el pasado 02 de junio, en el cual argumentan que ahora los humanos evolucionamos de manera acelerada y no a causa de los genes. 

Ellos explican que la principal fuerza motora actual de la evolución es la cultura humana, pues funciona más velozmente de lo que podrían hacerlo las mutaciones genéticas. Ya no necesitamos de las mutaciones como impulsoras de ventajas de supervivencia. Las ventajas ahora las obtenemos de los comportamientos aprendidos transmitidos a través de la cultura. Esta fuerza evolutiva mayor a la selección natural se denomina «evolución cultural«.

Por ejemplo, si un virus infectaba una especie, a través de la evolución genética esta sería capaz de adquirir inmunidad frente a ese patógeno. De forma lenta y gradual los genes «ventajosos» serán transmitidos a las siguientes generaciones. Pero hoy en día, la mayoría de los humanos no necesitan adaptarse genéticamente a tales amenazas. Las adaptaciones las adquirimos gracias al desarrollo de vacunas, las cuales son el resultado del esfuerzo no de una sino de muchas personas con un conocimiento cultural compartido. Estos conocimientos serían las «mutaciones» que ayudan a los humanos a mejorar nuestro sistema inmunológico.

La evolución cultural

Charles Darwin ya hablaba de la evolución cultural, pues entendía que los comportamientos podían evolucionar y transmitirse a la descendencia al igual que los rasgos físicos. De acuerdo a Waring y Wood, en algún momento de la historia de la humanidad, la cultura comenzó a arrebatar el control evolutivo de nuestro ADN. «Y ahora, el cambio cultural nos está permitiendo evolucionar de una manera que el cambio biológico por sí solo no podría hacerlo», señalan.

Esto se debe a la esencia de la cultura, el conjunto de conocimientos orientados a un grupo en el que sus integrantes hablan, aprenden y se imitan entre sí. Dichos comportamientos grupales permiten a las personas transmitir las adaptaciones que aprendieron a través de la cultura en menos tiempo de lo que los genes demoran en transmitir beneficios de supervivencia similares.

Un individuo es capaz de adquirir información y aprender habilidades de un número casi ilimitado de personas en una pequeña cantidad de tiempo. A su vez, conseguirá difundir esa información a muchos otros, y cuanta más gente esté disponible para aprender, mejor. Los grupos grandes resuelven problemas a una velocidad mayor en comparación con los grupos pequeños. En ese sentido, la competencia entre grupos estimula adaptaciones que ayudarían a esos grupos a sobrevivir

Es decir, si una persona solo hereda información genética de dos padres y acumula relativamente pocas mutaciones aleatorias en sus óvulos o espermatozoides, demorará unos 20 años en transmitirlas a su pequeño puñado de hijos, lo cual solo es un ritmo de cambio bastante lento.

Por esos motivos, los investigadores sugieren que la aparición de la cultura humana representa un hito evolutivo clave, una transición evolutiva. Es como hablar de la transformación de organismos unicelulares a pluricelulares, o de nuestra salida del agua para conquistar el suelo firme, etcétera.

«A muy largo plazo, proponemos que los humanos están evolucionando de organismos genéticos individuales a grupos culturales que funcionan como superorganismos, similares a las colonias de hormigas y las colmenas», afirmó Waring.

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