Las ratas topo usan sus ojos para detectar los campos magnéticos, asegura estudio

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Las ratas topo usan sus ojos para detectar los campos magnéticos, asegura estudio

Ratas topo en un terrario artificial / Kai Robert Caspar

Desde hace un tiempo los científicos saben que las ratas topo construyen sus guaridas siempre en la parte sureste de sus túneles. Esto es impresionante si se tiene en cuenta que estos roedores son virtualmente ciegos. Ahora, según una investigación publicada en el Journal of the Royal Society Interface ya sabemos por qué.

Algunos animales como las aves y los perros pueden detectar campos magnéticos. Pero aún no sabemos cómo funcionan los mecanismos biológicos detrás de este sentido ni en qué parte del cuerpo se encuentran estos “detectores magnéticos”.

Pero el último análisis, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Duisburg-Essen, sugiere que los magnetorreceptores de las ratas topo podrían basarse en magnetita.

Este sentido del campo magnético de la Tierra funciona independientemente de la luz y se ve afectado por fuertes pulsos magnéticos, explican los autores. Ellos han estado estudiando la rata topo de Ansell (Fukomys anselli) para aprender más sobre cómo funciona este misterioso sentido.

Prácticamente ciegas

La rata topo de Ansell es una especie social que vive en colonias de alrededor de 10 individuos y construye el túnel más largo conocido de cualquier mamífero. Incluso pueden ser amistosos con sus vecinos, con algunas colonias unidas por túneles.

Además, estos pequeños roedores tienen dientes grandes que sobresalen sobre los labios cerrados. Sus extraños incisivos de la mandíbula inferior pueden moverse independientemente unos de otros. Además de sus tareas habituales, las ratas topo pueden usar estos dientes cuando pelean.

Sobre sus dientes están los órganos de interés: ojos minúsculos, de hasta solo 2 mm de diámetro. Estos ojos no pueden ver mucho, solo pueden detectar la diferencia entre la luz y la oscuridad. Por eso se sabe que no se orientan por la visión.

Un estudio anterior encontró que la interrupción de la función de los ojos usando anestesia impidió la capacidad de las ratas topo para colocar sus nidos en su ubicación preferida, al tiempo que les permitía detectar luces y sombras. Sin embargo, no se podía descartar que la anestesia no estuviera entrando en el torrente sanguíneo ni afectando a otros órganos.

El estudio

Por eso los investigadores decidieron probar un enfoque más definitivo para confirmar la ubicación de los magnetorreceptores en las ratas topo. Desafortunadamente para las ratas topo de laboratorio, esto implicó extirpar quirúrgicamente los ojos de algunos de los sujetos del estudio, en un proceso llamado enucleación.

Luego de 16 meses del procedimiento quirúrgico el equipo confirmó que los comportamientos cotidianos de estos individuos no eran diferentes de los de otras ratas topo cautivas. Los individuos enucleados podían cavar, acicalarse entre sí y jugar.

Una vez que esto los investigadores estuvieron seguros de que los animales se comportaban normalmente, pasaron a la siguiente etapa del estudio. Crearon terrarios de anidación donde podían controlar con precisión el campo magnético.

Luego, el equipo probó la construcción del nido del animal en cuatro alineaciones de campo magnético diferentes, para descartar respuestas basadas en la topografía. Encontraron que los animales de control que aún tenían la vista mostraban su clara preferencia habitual por construir sus nidos en la parte sureste magnética de la arena. Por su parte, los que no tenían ojos los construían en ubicaciones aleatorias.

“Llegamos a la conclusión de que la eliminación de los ojos provocó un deterioro permanente del sentido magnético”, escribe el equipo. De ser así, este estudio es el primero en identificar un órgano magnetorreceptivo en un mamífero.

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