Moscas de la fruta en realidad virtual nos ayudan a entender la relación visión-movimiento

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Moscas de la fruta en realidad virtual nos ayudan a entender la relación visión-movimiento

(GettyImages)

Una reciente investigación analiza el comportamiento de moscas de la fruta en un entorno de realidad virtual para analizar la relación entre la visión y la locomoción.

Ajustes en la postura y movimiento

A través de la visión es posible obtener la información sobre el mundo y así se moldean las decisiones que tomamos sobre nuestros movimientos. Es un delicado equilibrio entre la estabilidad mecánica y la flexibilidad móvil, mediado por los datos de la visión.

Por ejemplo, al modificar nuestra percepción podemos esquivar un poste antes de chocar contra el. Aunque parezca algo entendido lo cierto es que no sabemos con exactitud cómo se procesan los datos visuales para evitar chocar contra el poste o caer por un precipicio.

Con el desarrollo de nuevas tecnologías nos acercamos a entender los secretos de la visión. Tal es el caso de un entorno de realidad virtual utilizado en un nuevo estudio para develar la equilibrada relación entre la visión y el movimiento.

En un nuevo estudio publicado en Current Biology, investigadores analizaron el comportamiento de las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster) en realidad virtual. Aquí, los experimentos demuestran que las mosquitas con su visión evitan desviarse del curso previsto, en lugar de volverse a encaminar después de haberse desviado de una ruta. Y aunque no lo creas, esa es una diferencia sustancial.

«Lo que hace la visión para mantener la estabilidad de la mirada es influir en los movimientos corporales ajustando los ajustes posturales como medida preventiva», indica la neurocientífica Eugenia Chiappe.

Mosquitas en realidad virtual

Los autores explican que «la visión de larga data es la de las rotaciones compensatorias reactivas, ya sea a través de la coordinación cabeza-cuerpo o directamente en las rotaciones del cuerpo». Pero ese no era el caso de D. melanogaster.

Los insectos fueron colocados en un entorno personalizado. Este constaba de paredes estáticas, un techo estático y un piso que se manipulaba para cambiar lo que veían las mosquitas.

Durante los experimentos, la información visual que procesaban las moscas prevalecía sobre la retroalimentación del resto del cuerpo para lograr objetivos como caminar en línea recta. Seguro has notado alguna vez que incluso cuando no vemos nada, nuestra postura y movimiento es determinada por la retroalimentación que recibimos de distintas partes de nuestro cuerpo.

«El efecto de la visión debe producirse mucho más cerca del control de las extremidades de lo que se pensaba, en el equivalente de la médula espinal de la mosca de la fruta».

Aunque los experimentos han sido realizados con insectos voladores, se cree probable que nosotros tengamos el mismo tipo de interacciones bidireccionales. Así, la información que recibimos a través de nuestros ojos tiene prioridad y se utiliza rápidamente.

“Los siguientes pasos serían identificar los circuitos exactos en los que convergen estas fuentes de información e investigar cómo interactúan para guiar el comportamiento del animal”, señala Cruz.

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