Nuevos indicios cambiarían lo que hasta ahora se sabe sobre los antepasados de los animales

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Hace 500 millones de años la vida dejo de ser simple y la biología cambio. Las células idénticas consiguieron dividir sus funciones, logrando con ello, la evolución de los primeros animales ancestrales.

El cómo lucían estos antiguos animales ha sido un tema de discusión entre los científicos. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Nature reveló la relación entre los antiguos microbios y los primeros animales quienes pudieron haber estado unidos por una forma temprana de célula madre. 

Los investigadores sobre el “primer animal de la Tierra” se encuentran divididos por dos equipos de estudio, ellos serían: el equipo de las esponjas y el equipo de los ctenóforos.

Ambos equipos de estudio creen que el antepasado del reino animal se parecería a su propio filo taxonómico más que a cualquier otro.

Las esponjas, podrían crearnos la imagen de un animal primitivo. Mientras que los ctenóforos un aspecto de un animal más reciente, pero tienen genomas de apariencia bastante antiguos. 

En la Universidad de Queensland en Australia, biólogos han creído conveniente observar más allá del código genético dentro de las células de esponja y han empezado a analizar los transcriptomas, es decir, aquella descripción de la actividad genética que toda célula realiza a través de su vida.

El análisis de los transcriptomas se ha convertido en la nueva herramienta predilecta por los investigadores quienes quieren conocer el comportamiento único de las células con genomas idénticos.

«Esta tecnología se ha utilizado solo durante los últimos años, pero nos ayudó finalmente a abordar una pregunta histórica, descubriendo algo completamente contrario a lo que alguien había propuesto», dice la bióloga Sandie Degnan.

«Ahora tenemos la oportunidad de volver a imaginar los pasos que dieron origen a los primeros animales, las reglas subyacentes que convirtieron las células individuales en vida animal multicelular».

Las células que forman nuestros cuerpos se adaptan individualmente para realizar tareas específicas, de esta misma forma sucede con los animales. Esta diferencia es necesaria para distinguirnos de otros organismos con células uniformes que necesitan aferrarse unos a otros para conseguir seguridad.

Por mucho tiempo los biólogos imaginaron esas primeras colonias de células diferenciadas como un pariente cercano de los miembros modernos del filo porifera, la humilde esponja.

Ello debido a que las células llamadas coanocitos que posee el filo porifera son muy similares a los organismos de vida libre, como los llamados coanoflagelados, es así que los biólogos creyeron que finalmente habían encontrado al “primer animal del mundo”.

«Durante décadas, los biólogos creían que la teoría existente era una obviedad, ya que los coanocitos de esponja se parecen tanto a los coanoflagelados unicelulares, el organismo considerado como los parientes vivos más cercanos de los animales», dice Degnan.

No obstante, lo que inicialmente creían los biólogos parece estar errado.

Parecía que los coanoflagelados se unieron hace 600 millones de años para hacer una esponja, sin embargo, la nueva investigación ha demostrado que hay diferencias significativas entre sus respectivos genomas y componentes bioquímicos.

Intentando encontrar una relación en esto, Degnan y su equipo de investigación compararon los transcriptomas, los comportamientos y los ciclos de vida de tres tipos diferentes de tejido de esponja Amphimedon queenslandica con los de un coanoflagelado y otros dos organismos similares de una sola célula.

Los investigadores compararon las bibliotecas genómicas de esponjas y las células pre-animales, y se dieron cuenta que las células del intestino esponjoso y los coanoflagelados no estarían en el mismo grupo después de todo.

«Hemos encontrado que los primeros animales multicelulares probablemente no eran como las células de esponja de hoy en día, sino más bien como una colección de células convertibles», dice el colega de Degnan, el científico marino Bernie Degnan.

«La tatarabuela de todas las células en el reino animal, por así decirlo, es probablemente muy similar a una célula madre».

Esto contradice a la idea de que los animales están hechos de una mayor variedad de tipos de células, en comparación con las plantas y los hongos.

El talento evolutivo para un intercambio genético acelerado pudo haber dado a nuestros ancestros animales una ventaja al agruparse. Es posible que los primeros animales se distingan por la evolución de los sistemas reguladores que permitieron la existencia de múltiples formas de células diferenciadas al mismo tiempo en la misma población.

La comprensión de todo lo implicado en ello nos podría ayudar a descifrar las complejidades detrás del cáncer.

Fuente: University of Queensland.

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