¿Por qué al escuchar el agua correr nos dan ganas de ir al baño?

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¿Por qué al escuchar el agua correr nos dan ganas de ir al baño?

Este es un viejo truco utilizado por muchos abuelos (y quizá también por sus antepasados) para forzar a sus hijos pequeños a orinar en el baño antes de ir a dormir: hacer correr el grifo y que el sonido los estimule.

También lo podemos encontrar en contextos hospitalarios. Las enfermeras de urología utilizan el sonido del agua para ayudar a los pacientes que, al estar en un examen, se encuentran en la incómoda situación de tener que hacer sus necesidades frente a los demás.

Recientemente, investigadores han probado una aplicación para teléfonos inteligentes que reproduce sonidos acuosos para ayudar a los pacientes de urología a orinar.

A pesar de ser una práctica de hace muchas generaciones, todavía no hay un estudio concreto que compruebe la relación entre el sonido y el estímulo directo. Aunque la teoría más aceptada indica que funciona porque es parte de un proceso de condicionamiento.

Para muchos de nosotros, el acto de orinar se ha asociado con este sonido varias veces al día, durante años y años. La idea, entonces, es que escuchar el sonido del agua corriendo –sea por goteo o por chorros más copiosos– de alguna manera desencadena un reflejo condicionado para orinar.

Sin embargo, ¿cuál es el caso con aquellas personas que no han tenido acceso al agua potable o nunca han utilizado un inodoro, pero que también han sentido ese estímulo? Una teoría –más acercada a idea alternativa sin una base científica– señala que el sonido del agua simplemente nos hace sentir tranquilos y seguros, de esta forma facilita la actividad del «sistema nervioso parasimpático», y genera un estado fisiológico que relaja los músculos que controlan la vejiga, haciendo que nos den ganas de ir.

Fuente: ScienceFocus

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