¿Por qué aún no hay un tratamiento aprobado para los síntomas del COVID-19?

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¿Por qué aún no hay un tratamiento aprobado para los síntomas del COVID-19?

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«Primum non nocere»

Varios meses tras el inicio de la pandemia causada por el nuevo coronavirus (COVID-19) y con miles de millones de dólares ya invertidos en investigación pueden hacer que te preguntes… ¿por qué todavía no existe una cura?

Lo cierto es que aunque varios meses pueden parecer mucho tiempo, cuando hablamos de investigación médica, no es prácticamente nada. De hecho, lo cierto es que la velocidad a la que se ha movido la investigación desde que surgiera este problema en Wuhan (China) hace tan solo seis meses ha sido abrumadora y admirable. La respuesta ha sido rápida. Pero términos como rápido o lento requieren de contexto. Permitidme que me explique.

Existe una frase, un dogma, un código de conducta entorno a la medicina. Una frase que rige los actos de prácticamente todos los médicos alrededor del mundo. El origen de esta frase no es conocido con certeza e incluso hay quien lo atribuye al griego Hipócrates, a quien se conoce como el padre de la Medicina Occidental, aunque curiosamente la frase en cuestión es una locución latina: “primum non nocere”, que se traduce en castellano por “lo primero es no hacer daño”. Esta locución es uno de los principales preceptos que se le enseña a todo estudiante de medicina y trata de recordarnos que lo primero es la seguridad del paciente y evitar que nuestros actos, aunque bien intencionados, provoquen daños en los pacientes que de otro modo podrían haberse evitado.

Bonita locución, ¿verdad? Pues atento porque voy a contarte otra de esas palabras poco conocidas pero con una gran importancia: yatrogenia. La yatrogenia es un daño indeseado en la salud de una persona causado por un efecto secundario o un acto médico, aunque el efecto secundario fuera inevitable y el acto médico legítimo. Por eso, los médicos debemos considerar siempre una balanza entre los “pros” y los “contras” de cualquier acto terapéutico.

Así pues, por un lado, querido lector, la verdad es que todavía hay mucho que se desconoce sobre este nuevo virus. Pero por otro lado, el estudio y comercialización de nuevos fármacos requiere de unas fases de investigación previas para garantizar la seguridad y la efectividad de los mismos. Y el mejor tipo de estudio para lograr la utilidad de nuevos fármacos se llama ensayo clínico, un tipo de estudio en el que, por lo general, se compara el nuevo fármaco en estudio con otro ya comercializado y conocido, o con un placebo, es decir, un producto biológicamente inactivo diseñado para simular un tratamiento médico. De los resultados de esta comparación se sacará mucha información. Por ejemplo: ¿es el nuevo fármaco más efectivo que uno ya conocido o que un placebo? ¿Y más seguro?

Las cuatro fases

Un ensayo clínico consta de cuatro fases. En la primera fase se evalúa con una pequeña muestra de voluntarios sanos la farmacocinética (a grandes rasgos, “lo que el organismo le hace al fármaco”), la farmacodinamia (a grandes rasgos, “lo que el fármaco le hace al organismo”), toxicidad y dosificación del nuevo fármaco. En la segunda fase ya tratamos con pacientes, personas enfermas según los términos del estudio, y se evalúa la eficacia y la relación dosis-respuesta. Si el nuevo fármaco cumple unos mínimos de seguridad logrará pasar a la fase III, donde con un grupo más numeroso ya se harán las comparaciones de este nuevo fármaco con otros ya existentes y se valorarán nuevamente los efectos adversos más frecuentes y la efectividad (esta vez en condiciones más realistas, al tratarse de pacientes enfermos y un tamaño de muestra mucho mayor). Si el fármaco logra llegar hasta aquí, ya está listo para comercializarse. E incluso una vez comercializado, no se le pierde de vista, el fármaco se encontraría en lo que se conoce como fase IV, una etapa en la que se investiga la aparición de nuevos efectos adversos tan poco frecuentes que no hubiesen podido ser localizados previamente con los tamaños muestrales tan pequeños en comparación con la población general.

Los investigadores se están moviendo lo más rápido posible para encontrar una cura para este virus, pero el público no puede confiar en que eso suceda de inmediato. Necesitamos continuar practicando el distanciamiento social y la buena higiene de las manos para detener la propagación mientras no haya una vacuna o cura. Este es el único remedio efectivo para aplanar la curva y salvar vidas. Los profesionales de la salud (y de muchos otros colectivos) trabajan incansablemente para combatir esta enfermedad, pero no pueden hacerlo solos. Al fin y al cabo, nadie quiere que el remedio sea peor que la enfermedad. O lo que es lo mismo, “primum non nocere”.

 

6 respuestas a «¿Por qué aún no hay un tratamiento aprobado para los síntomas del COVID-19?»

    1. porque el sistema inmune de las personas puede llegar a vencer al virus, y estas desarrollan una inmunidad que dura unos pocos meses mientras el virus no mute

    2. Porque es una enfermedad y se comporta como una, de la misma manera que tu organismo se defiende contra una gripe normal, y sin necesidad de un tratamiento uno puede recuperarse. Lo mismo pasa aquí el organismo se defiende (como puede) y al final pueden recuperarse sin necesidad de un tratamiento, claro que no todos corren con la suerte de tener un sistema inmunológico saludable

    3. EsEEs una buena duda.
      se debe al sistema inmunológico, los cuales atacan, devoran y analizan cualquier intruso en el cuerpo, cuando detectan la infección «matan» a algunos y los analizan para crear anticuerpos efectivos contra está y obtener una ventaja estrategica. Sin embargo aveces la enfermedad es más rápida y agresiva que al cuerpo no le da tiempo de crear los anticuerpos necesarios, de ahí la vacuna que los crea sin poner en peligro a la persona.

      Por eso también se está investigando usar el plasma de los pacientes que se curaron, para que los enfermos reciban anticuerpos que ya saben luchar contra la enfermedad.

  1. México, lugar numero 16 por numero de fallecidos por COVID ponderado por cada millón de habitantes, (que es la manera CORRECTA para comparar este tipo de datos entre distintos estados), y ojo, somos el DÉCIMO país mas poblado del mundo… LEJOS estamos de los desastres sanitarios lamentablemente ocurridos en países como España, Italia, Reino Unido, E.U. o Ecuador. Estos son los números, lo demás es presentar «información que no sirve como punto de comparación entre naciones» de manera conveniente y solo con fines de lograr un GOLPE político.

    FUENTE: Universidad de Johns Hopkins / Statista https://www.statista.com/statistics/1104709/coronavirus-deaths-worldwide-per-million-inhabitants/

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