¿Por qué tenemos colores favoritos?

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¿Por qué tenemos colores favoritos?

Una explicación acerca de por qué preferimos un color sobre otro estaría relacionada con nuestros antepasados, quienes asociaron a una gama específica significados como supervivencia, seguridad o salud.

Se ha observado en test psicológicos que entre los adultos hay colores más populares que otros; como el azul, que nos recuerda al agua o al cielo despejado. Mientras que, colores similares al amarillo o tonalidades de marrón se relacionan a enfermedades, desechos humanos (o nucleares) y a productos en descomposición.

De acuerdo con esta idea evolutiva, a los pocos meses de edad, los bebés son exigentes con los colores. Pueden preferir mirar aquellos más brillantes como el azul y el rojo en lugar de los más apagados como el negro.

No obstante, también es importante tener en cuenta el tipo de experiencia de vida y cultura en los que crecemos. Hay evidencia, por ejemplo, sobre que nuestras reacciones emocionales a objetos y símbolos pueden influir en nuestras preferencias: el color de nuestro equipo de fútbol favorito o una prenda de vestir favorita.

También nos pueden gustar ciertos colores por sus connotaciones emocionales. El amarillo, mencionado anteriormente, quizá en una tonalidad más alegre obtenga una mayor empatía con los más jóvenes. Mientras que los colores cálidos pero algo oscuros no les parezcan tan atrayentes.

Podemos relacionar, además, las preferencias de color con el género. Por ejemplo, a la edad de dos años y medio, las niñas de las culturas occidentales parecen tener preferencia por los objetos rosados; en cambio, los niños tienden a evitarlos. Las raíces de estas diferencias de género son complejas (probablemente reflejen una combinación de factores biológicos y culturales) y aún están en debate.

Así que, hay muchos factores en juego y es poco probable que exista una sola explicación sobre por qué nos gustan ciertos colores. Lo que tenemos claro es que nuestros gustos pueden ir variando a través de nuestras experiencias.

Fuente: ScienceFocus

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