Explicados los misteriosos agujeros que aparecen en la Antártida

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Enormes agujeros en la Antártida han aparecido esporádicamente desde la década de 1970, pero la razón de su formación ha sido en gran medida misteriosa.

Los científicos, con la ayuda de robots flotantes y focas equipadas con tecnología, ahora pueden tener la respuesta: las llamadas polinias (en ruso, «aguas abiertas») parecen ser el resultado de tormentas y sal. Los hallazagos han sido publicados la semana pasada en la revista Nature.

En el 2016 y en el 2017 se abrieron dos grandes polinias en el Mar de Weddell, por lo que últimamente han recibido mucha atención. En el último evento, las aguas abiertas se extendían a lo largo de 298 100 kilómetros cuadrados según un artículo publicado en abril en la revista Geophysical Research Letters.

El nuevo estudio revela la mirada más completa que se haya hecho sobre las condiciones del océano durante la formación de polinias. Los resultados muestran que estos tramos de aguas abiertas crecen debido a las variaciones climáticas a corto plazo y particularmente al clima extremo. Las polinias también liberan una gran cantidad de calor de los océanos en la atmósfera, con consecuencias que los científicos todavía están estudiando.

El 25 de septiembre del 2017, un satélite de la NASA detectó el agujero en el hielo marino en la costa de la costa antártica.
Crédito: NASA

Ethan Campbell, un estudiante de doctorado en oceanografía de la Universidad de Washington y líder del estudio dice que «puede modificar los patrones climáticos en la Antártida y posiblemente irmás lejos».

Los investigadores ya sospechaban que las tormentas tuvieron algún papel en la creación de polinias en los últimos años. Pero a pesar de que las tormentas de invierno del 2016 y 2017 fueron extremas, los mares tormentosos son la norma en el invierno antártico.

«Si fueran solo tormentas, veríamos polinias todo el tiempo, pero no», dijo Campbell. En cambio, las polinias grandes son relativamente raras. Hubo tres grandes en 1974, 1975 y 1976, pero nada significativo de nuevo hasta el 2016.

Campbell y su equipo obtuvieron datos de dos flotadores robóticos que se desplegaron en el Mar de Weddell en el marco del Proyecto de Observación y Modelización del Carbono del Océano Austral y el Clima del Océano Austral (SOCCOM), financiado por la Fundación Nacional de Ciencias. Los flotadores se desplazan en las corrientes a un kilómetro y medio por debajo de la superficie del océano y recopilan datos sobre la temperatura del agua, la salinidad y el contenido de carbono.

Para fines de comparación, los investigadores también utilizaron observaciones durante todo el año de barcos de investigación antárticos e incluso de «focas científicas» equipadas con pequeños instrumentos para recopilar datos del océano mientras los animales conducen sus viajes habituales.

Focas científicas. Los científicos equiparon a las focas con etiquetas satelitales temporales y las enviaron a nadar bajo el hielo marino en la Antártida para recopilar datos sobre las condiciones del agua.
Crédito: Dan Costa / Universidad de California, Santa Cruz

En conjunto, estas observaciones explicaron la historia completa de las polinias del 2016 y 2017. El primer ingrediente, dijo Campbell, era parte de un patrón climático llamado el Modo Anular del Sur, la versión polar de El Niño. Esta es una variación climática regular que puede llevar los vientos más lejos de la costa antártica, en cuyo caso se vuelven más débiles, o más cerca de la costa, en donde se hacen más fuertes. Cuando la variabilidad hace que los vientos se hagan fuertes, crea más afloramientos de agua cálida y salada desde las profundidades del mar de Weddell a la superficie del océano.

Este patrón de clima y el subsiguiente afloramiento hicieron que la superficie del océano fuera excepcionalmente salina en el 2016, lo que, a su vez, facilitó la mezcla vertical del agua del océano. Por lo general, las diferencias en la salinidad mantienen las capas oceánicas separadas, al igual que el aceite menos denso flota sobre el agua y no puede mezclarse. Pero debido a que la superficie del océano era inusualmente salada, había menos diferencia entre la superficie y las aguas más profundas.

Los inviernos del 2016 y 2017 trajeron tormentas que crearon vientos y olas que mezclaron el agua verticalmente, trayendo agua tibia del fondo del océano que derritió el hielo marino.

Los efectos de las polinias que se formaron son todavía algo misteriosos. Los investigadores encontraron que el interior del océano debajo de ellos se enfrió a 0.2 grados Celsius. Ese calor liberado podría cambiar los patrones climáticos locales e incluso cambiar los vientos a nivel mundial.

Más preocupante, dice Campbell, es que el agua del océano profundo expuesta a la atmósfera durante una polinia es potencialmente rica en carbono. Las aguas profundas de la Antártida son los cementerios de la vida marina, que liberan carbono a medida que se descomponen. Si ese carbono entra en la atmósfera a través de polinias, estas aperturas en aguas abiertas podrían contribuir ligeramente al cambio climático.

No se sabe aún si las polinias hacen esto, pero el nuevo estudio podrá ayudar a los científicos a identificar más detalles del clima cambiante de la Antártida. Los modelos actuales de la Antártida parecen predecir más polinias de las que realmente existen. Ahora, los modeladores del clima tendrán más datos para mejorar esas predicciones, creando una mejor Antártida virtual para comprender el cambio climático.

Fuente: Science Alert.

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